Artificial-intelligenceFilosophyGpt-3ChomskyLinguistics

ChatGPT-3: el sueño de la complacencia

Claudio Araya

Claudio Araya

3 de abril de 2023

ChatGPT-3: el sueño de la complacencia

Hace unos años nos sorprendimos con las destrezas mostradas por Furhat, como un prototipo de robot social. El robot Furhat mostraba un alto nivel de sofisticación. Con su forma de cabeza exhibía un amplio despliegue interaccional y una asombrosa ductilidad al cambiar de lengua y género en plena interacción.

Desde la perspectiva de sus creadores, mostraba múltiples identidades para intervenir en el mundo y, por ello, un evidente potencial de uso en actividades humanas: Primero, Furhat está siendo utilizado en el ámbito del reclutamiento de personas, pues a través de entrenamiento se ha podido reducir ciertos sesgos humanos que se activan en entrevistas laborales. En segundo lugar, Furhat ha sido útil para capacitar a empleados de tiendas. Este robot asume distintos roles que desafían las formas de abordar al cliente por parte de los empleados. Sin embargo, desde el punto de vista lingüístico conversacional, las dudas que surgen apuntan a su falta de naturalidad conversacional.

Esa falta de naturalidad, probablemente está asociada a las complejidades del conocimiento contextual, vale decir, a las habilidades relativas a cómo los enunciados empleados por una entidad hablante interactúan con las circunstancias espaciales, temporales sociales y culturales.

En el caso del ChatGPT-3 se han ido conociendo críticas. Algunas de ellas provienen de la voz del otrora lingüista Noan Chomsky devenido en activista político, quien las ha proyectado al ámbito de la educación. Esas críticas se pueden condensar en las siguientes ideas formuladas por Chomsky en distintos medios de comunicación: “Plagio de alta tecnología”, “forma de evitar el aprendizaje”, “lo único que hace es acceder a cantidades astronómicas de información, encontrar regularidades e hilvanadas en algo que más o menos parezca escrito por alguien”, “no cuenta con criterios para seleccionar información”, “diseñado para la eficiencia y los resultados métricos”.

Si tuviéramos que encontrar la hebra de estas críticas, ella sería la insinuación de una cierta precariedad de la denominada Inteligencia Artificial. Y esa precariedad tiene que ver con la mecanicidad y automatismo bien alimentado de datos del Chat; pero incapaz del raciocinio que le dé una narrativa de sentido. Además, con la sublimación del paradigma cuantitativo ilustrado por la tan manida expresión “lo que no se mide no se puede mejorar”.

Quizás, lo que nos está advirtiendo el nonagenario intelectual es que lo que se mide, no necesariamente tiene valor. Muy en línea con las reflexiones de Chul-Han en su obra Vida Contemplativa, donde sostiene que (como en otras de sus obras), las correlaciones sustituyen a la causalidad en la ciencia de los datos, ciencia aditiva y detectiva, pero no narrativa ni hermenéutica. Dicho en el sentido anunciado por humanistas: cuando todo se mide, nada vale.

Más allá de las objeciones que podamos contraponer a esos planteamientos, lo cierto es que deslumbrarse nos puede cegar. Y como dijo Ortega y Gasset: necesitamos a los ‘despensadores’ para que el resto de los animales no se duerma. A veces es fácil caer en el sueño de la complacencia.


ChatGPT-3: el sueño de la complacencia was originally published in Openagents on Medium, where people are continuing the conversation by highlighting and responding to this story.

Claudio Araya

Claudio Araya

Autor